Antropología Inuit

¿El viaje polar más extraordinario de la historia?

Esta es una historia de resistencia, de solidaridad, de supervivencia, de compañerismo, de cooperativismo, de concienciación, de responsabilidad, de reflexión y de compromiso. Espero que os ayude y acompañe durante estos días de confinamiento. Os iré escribiendo el relato de esta extraordinaria historia protagonizada por héroes y heroínas que acabaron siendo olvidados en muchas de las crónicas polares. Estoy convencido que esta aventura ártica dejará una huella indeleble en tod@s vosotr@s, al igual que el momento que estamos viviendo ahora como consecuencia de la pandemia del Covid-19. Como dicen los inuit: Ajurnamat!: «No merece la pena preocuparse por las cosas que no podemos cambiar». Sin embargo, ahora tenemos en nuestras manos la oportunidad de poder cambiar el mundo y espero que historias de supervivencia como la que os contaré nos ayuden a hacerlo. Empecemos pues por el principio…

1.- Una decisión sorprendente para un proyecto ambicioso

Corrían los días de primavera del año 1871, cuando el presidente norteamericano Ulysses S. Grant, y para sorpresa de muchos, eligió de forma oficial a un hombre anárquico, periodista de profesión, huidizo de la jerarquía y mandos militares y sin conocimiento alguno de navegación ni de manejo de barcos, para comandar una expedición al Polo Norte Geográfico: este hombre se llamaba Charles Francis Hall.

Ulysses S. Grant (1870). Brady-Handy Photograph Collection

Y a pesar de que Hall tenía experiencia en el Ártico y que se había curtido y endurecido en las regiones polares en los últimos años, no era, ni mucho menos, la persona idónea para dirigir esta expedición. Sin embargo, sí que había algo que lo distinguía de otros exploradores predecesores y contemporáneos a él, y que en el futuro sería de suma importancia para lograr el éxito en las expediciones polares: contaba con la inestimable ayuda y colaboración de los inuit, de los que pensaba que eran fundamentales para alcanzar el Polo Norte Geográfico, y sabía que sin ellos, difícilmente lo conseguiría…

Charles Francis Hall en el invierno de 1870

De esta forma, Hall se avanzaba a muchos exploradores en su manera genuina y lógica de pensar, sin embargo le faltaba el carácter suficiente y necesario, y la firmeza en sus decisiones, para convertirse en un gran explorador. Su propia tumba ya estaba cavada, antes incluso de su partida hacia el Polo Norte Geográfico. La gesta de esta aventura quedaría para otros y solo la historia y el Ártico tendrían un hueco para él…

Entrada al casquete glacial groenlandés

2.- Una expedición estrambótica al Polo Norte

Aunque el objetivo principal de la expedición era alcanzar el Polo Norte Geográfico, el Gobierno de los Estados Unidos quería que también se efectuasen estudios minuciosos sobre las regiones polares, haciendo hincapié en las observaciones astronómicas (cuatro al día) e incluyendo las auroras boreales, experimentos con el péndulo para determinar la fuerza de la gravedad en las diferentes latitudes, y la variación e inclinación de las agujas. Igualmente se debían medir las mareas, las corrientes, el dragado del fondo marino, la densidad del agua del mar, los sondeos, la temperatura, la presión del aire, la humedad, la fuerza del viento, las características de la nieve, la trayectoria y velocidad de los glaciares, la frecuencia de los meteoros y un largo etcétera. No se debían escatimar esfuerzos en estos estudios científicos, y se debía dejar todo por escrito de la forma más transparente posible y con conclusiones irrefutables.

Diario de abordo del comandante del USS Polaris Charles Francis Hall

Por supuesto un viaje con dos objetivos diferentes, pero complementarios a la vez, implicaba asimismo dos tipos de tripulaciones distintas: exploradores y científicos. Esta mezcla resultaría ser explosiva y acabaría protagonizando algunos enfrentamientos que rozarían la tragicomedia y que quedarían reflejados en escenas esperpénticas .

Testigo de estas disputas sería el America, el barco escogido para esta expedición al Polo Norte Geográfico. Sin embargo, este navío que anteriormente había servido como cañonera durante la Guerra de Secesión (1861-1865), cambió su nombre a la vez que modificaba también su objetivo. El USS Polaris pasaba de ser un buque de guerra a convertirse ahora en un barco de 383 toneladas al servicio de una expedición científica al Ártico y comandada por Charles Francis Hall.

USS Polaris en Washington Navy Yard

Si escoger el barco había sido relativamente fácil, mucho más difícil fue la elección de su tripulación, todo un rompecabezas de nacionalidades y culturas distintas, profesiones diferentes y con multitud de egos. Un total de veinticinco personas fueron escogidas para formar parte de la tripulación, aunque Hall se guardó un «As» en la manga, para asegurar el éxito de la expedición. Un mal comienzo para un peor desenlace.

Para empezar, Hall prefirió alistar a hombres de confianza procedentes de barcos pesqueros y que ya habían navegado con él a las regiones polares, antes que elegir a oficiales y marineros de la Armada estadounidense. Su viejo amigo Sidney O. Budington sería el capitán, y George Tyson fue contratado como navegante. Igualmente se eligieron algunos militares para llevar tareas científicas como fue el caso de Hubbard Chester como primer oficial, William Morton, el segundo oficial y Richard Bryan, que realizaría las tareas completamente opuestas de astrónomo y capellán de la expedición. Tanto Budington como Chester y Tyson habían comandado expediciones al Ártico y eran expertos en navegar por mares polares.

Dr. Emil Bessels

A estos hombres se unieron un grupo de marineros alemanes encabezados por Emil Bessels, el jefe científico de la expedición, además del meteorólogo Frederick Meyer (inicialmente Hall le asignó la tarea de llevar el diario oficial del barco, lo que motivó una fuerte discusión con Bessels) y el jefe de maquinas Emil Schumann.

Demasiados capitanes para un solo barco

En conclusión, marineros, militares, balleneros y científicos formaban parte de esta expedición y encima de dos nacionalidades distintas. Y por si esto no fuera suficiente, además, algunos de los alemanes no entendían el inglés. Y con este panorama, lo que acabó sucediendo era de prever, la tripulación quedó dividida desde el inicio del viaje, entre exploradores, científicos y balleneros y entre alemanes y estadounidenses. Aunque las cosas se complicarían aún más con la llegada de unos invitados inesperados, ese «As» en la manga que se guardaba Hall y que sería fundamental en el devenir de esta expedición. Faltaba pues, una última pieza del rompecabezas, y la suerte estaría echada…

Iceberg atrapado en el mar helado (Groenlandia)

3.- Unos invitados sorpresa

Viendo Charles Francis Hall que su objetivo de alcanzar el Polo Norte Geográfico podía resultar una misión complicada y difícil, quiso no solo rodearse de hombres experimentados en las regiones polares y que fueran de su confianza, sino que buscó también la seguridad que le podrían proporcionar personas cuyo hábitat natural fuera el mismísimo Ártico. En este sentido, Hall se adelantó a otros exploradores que le habían precedido, y tomó una decisión que no solo cambiaría el curso de esta expedición, sino también de las posteriores exploraciones árticas: contrató a una familia inuit de Tierra de Baffin, Tookoolito (Hannah) y su marido, Ipiirvik o Ipiirviq (Joe). Pero estos «esquimales domesticados» como a veces se referían a ellos, no eran unos completos desconocidos para el propio Hall.

Tookoolito, Hall e Ipiirvik (1864)

Taqulittuq o Tookoolito nació en Cape Searle, en Cumberland Sound o Qikiqtaaluk Region, en Tierra de Baffin, alrededor de 1838. Por su parte, Ipirvik también conocido como «Eskimo Joe» y «Joseph Ebierbing» nació en Qimmigsut, frente a la costa sur de Cumberland Sound, alrededor de 1837. Ambos fueron aprendiendo el inglés gracias a la presencia de balleneros en la región, y este aspecto fue fundamental para sus futuras participaciones en expediciones árticas. En algún momento, antes de 1853, se casaron Taqulittuq e Ipirvik según la costumbre inuit.

Taqulittuq

En 1853, Taqulittuq, Ipirvik y un niño que no era familiar de la pareja, llamado AkulukjukHarlookjoe»), fueron llevados al puerto de Hull, en Inglaterra, por un capitán ballenero llamado John Bowlby (a veces conocido también Thomas Bowlby). Los tres inuit fueron exhibidos en varios lugares del norte del país. Se les presentaba, ante los curiosos ingleses, como un matrimonio cristiano «esquimal» (término despectivo para referirse a los inuit pero que era el utilizado en aquella época).

Tras su periplo por tierras inglesas, finalmente fueron traslados a Londres, donde, gracias a Bowlby quien arregló el encuentro, fueron recibidos por la reina Victoria en el castillo de Windsor. Taqulittuq  e Ipirvik cenaron con la reina y el príncipe Alberto. De este singular encuentro, la reina Victoria escribió en su diario personal:

«…Son mis súbditos, muy curiosos y bastante diferentes a cualquiera de las tribus del sur o de África, con caras redondas muy planas, con una forma de ojos mongoles, una piel clara y un cabello negro azabache».

Taqulittuq  e Ipirvik estuvieron poco más de dos años en Inglaterra, durante los cuales fueron oficialmente convertidos al Cristianismo y adquirieron un dominio fluido del inglés. Bowlby se preocupó de que los tres inuit volvieran al Ártico, sanos y salvos. En junio de 1855 regresaron a Cumberland Sound, con el Capitán escocés William Penny (1809–1892), ballenero y explorador ártico que en 1840 había establecido la primera estación ballenera en el área de Cumberland Sound, en la isla Kekerten. Taqulittuq e Ipirvik, a diferencia de otros casos precedentes, regresaban a casa.

Desde el siglo XVI, se habían dado ejemplos de algunos inuit que fueron llevados a Europa, en muchos casos forzados y/o engañados, para ser exhibidos luego en auténticos zoos humanos, y que en la mayoría de los casos, acabaron muriendo y siendo enterrados anónimamente en algunos cementerios del viejo continente. Tales fueron los ejemplos de Kalicho, Ingorth, Nutaaq (1577), Kuneling, Kabelau, Sigoko, Ihiob (1654) o Tooklavinia, Caubvick, Attuiock, Ickongoque, Ickeuna (1772).

Kuneling, Kabelau, Sigoko, Ihiob (1654)
Tooklavinia, Caubvick, Attuiock, Ickongoque, Ickeuna (1772).